viernes, 7 de agosto de 2015

¿Por qué me está encantando Juego de Tronos?

  A riesgo de sonar ridículo ante todos aquellos que ya han visto todos los capítulos estrenados e incluso han leído los libros publicados hasta la fecha, acabo de terminar la tercera temporada de Juego de Tronos y no tengo nada más que palabras de admiración hacia esta genialidad.

  Debo aceptar que empecé a verla con recelo, ya que después de haber disfrutado tanto con Breaking Bad (también espectacular), no me atraía nada la idea de una serie basada en un mundo medieval con toques fantásticos, pero poco tardé en volverme un adicto a ella. Tras los primeros capítulos, casi sin darte cuenta, ya conoces a las distintas familias de los siete reinos, ya crees que entiendes los intereses de algún protagonista, te atreves a pronosticar el futuro y empiezas a coger manía a alguno, e incluso cariño a algún otro (graso error, teniendo en cuenta la tasa de mortalidad de  los personajes de George R. R. Martin). Así que en dos días te ves inmerso en un universo con multitud de caras que aparecen y desaparecen y cada vez más tramas y complejas relaciones entre ellas, lo dicho, una maravilla.



  Como venía diciendo, a pesar de mis reticencias iniciales, esta serie (hago referencia a ésta en vez de a los libros porque todavía no los he leído, soy consciente de que la serie es una adaptación de éstos) me ha ganado. Lo ha hecho por la forma en la que desde un universo fantástico tan bien elaborado sabe representar los juegos de poder a gran escala que ocurren en éste. En la capital del reino, por ejemplo, el patriarca de los Lannister no deja de darnos lecciones de cómo una corona sobre la cabeza no significa tanto como parece, y personajes como Lord Baelish o Lord Varys, curiosos cuanto menos, sobretodo éste último, nos enseñan que, como bien sabe Tyrion, la lucha por el poder no deja de ser un juego y en él la información y los contactos son decisivos aliados.

  Lo ha hecho por la forma en la que se da la relevancia necesaria a las aparentemente insignificantes acciones de cada ficha del tablero, que pueden repercutir de manera mayúscula en la partida. Solo hace falta acordarse de la razón que desencadenó los sucesos de la Boda Roja, pensar en la relevancia de la desconocida extranjera Shae en los quehaceres políticos de King’s Landing, en la importancia del descubrimiento que trajo la curiosidad de Sam Tarly o hacerse consciente de que todo este movimiento en Westeros empezó con el asesinato de Jon Arryn.



  Lo ha hecho por como presenta la realidad de la guerra desde todas las diversas y tan distintas perspectivas, creando diferentes tramas que lógicamente acaban relacionándose entre ellas o de las que surgen todavía más hilos argumentales. Y por cómo se le va haciendo entender al espectador la diferente realidad de cada ángulo de la historia y el distinto contexto en el que tiene lugar cada una, teniendo en cuenta la ubicación en el mapa del mundo imaginario de Canción de Hielo y Fuego.

  Lo ha hecho también por la complejidad de los personajes y su evolución a lo largo de la serie (algo en lo que, por cierto, aunque con menos protagonistas, Breaking Bad es inigualable). Con esto me refiero a que, al contrario que en otras películas y series, no tienen personalidades invariables; al igual que las personas reales, ante las distintas sucesiones de acontecimientos van cambiando (o mostrándose tal y como son), creciendo e incluso cuestionando su propio papel en el juego de tronos. Sin mencionar, claro está, sus mentiras, que nos las tragamos nosotros igual que ellos. En relación a este tema, solo me está decepcionando ahora mismo el papel de Daenerys. Parece que se pretende que nos caiga bien a todo el mundo y eso no me gusta, no sé si cambiará.

  Lo ha hecho por los toques de fantasía tan bien introducidos en medio de guerras entre hombres y disputas políticas, cuando casi se nos olvida que la magia también existía y tiene una gran importancia.



  Lo ha hecho por la espectacular manera en la que presenta todo lo que os he contado y la increíble estética de la serie.

  Lo ha hecho porque refleja de una manera muy fiel situaciones de nuestro mundo. Cómo las diferencias de vida entre zonas geográficas son abismales; cómo el poder es un juego de pocos que afecta a muchos; cómo una gran parte del mundo se olvida de la otra (hasta que ésta tiene dragones grandes); cómo el poder corrompe; cómo las religiones y sus cultos tienen una relevancia enorme en las sociedades; cómo existen la bondad, el amor y la solidaridad, pero también la maldad, el sadismo, la manipulación y sobretodo la ambición y el egoísmo; cómo nuestros instintos y nuestra búsqueda del placer son poderosos; cómo buscamos desesperadamente algo por lo que luchar, algo por lo que vivir; cómo las masas necesitan líderes a los que seguir; cómo nos empeñamos en buscar enemigos en nuestros hermanos cuando peligros mayores, a los que deberíamos combatir juntos, nos acechan… Respecto a esto último me quedo con la frase de Melisandre: “This war of five kings means nothing, the true war lies to the north.” (No sé como será la traducción que hacen de la cita en castellano, pero se entiende, qué miedo).



  Lo ha hecho porque siempre te deja con ganas de más. No hay capítulo que no dejé algún misterio abierto que nos obligue a ver el siguiente. "You know nothing" nos diría Ygritte, y así nos sentimos al acabar cada episodio.

  En resumen, he sacado dos conclusiones de todo ésto. La primera es una profunda admiración por los escritores, directores, guionistas… En general, creadores de historias, no sólo los de Juego de Tronos, que consiguen que tanta gente nos introduzcamos en un universo surgido de su cabeza. Cuanto más lo pienso más maravilloso me parece. Y la segunda es que no sé qué hago escribiendo  en vez de estar empezando la siguiente temporada. Un saludo.

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