He encontrado una droga increíble.
Está al alcance de cualquiera, su precio no es un problema, aunque no es tarea
fácil llegar a consumirla. Sin embargo, una vez que se ha procedido a su
utilización habitual, comprender la realidad sin ella se convierte en algo
sumamente complicado. Por ello, no dudo en decirte que su poder destructivo no
tiene parangón.
Las características de ésta difieren
significativamente de las del resto de las sustancias con las que puedas estar
familiarizado. Y es que la peligrosidad a la que nos enfrentamos si caemos en
sus redes no radica en problemas de salud ni en arruinarte tu prometedor
futuro; eso sí, si no tienes cuidado, puede que lo que pierdas sea tu presente.
No voy a ocultarte que es adictiva, y que su uso continuado puede tener como
resultado una ligera exclusión social. De hecho, en ningún momento estoy
recomendándola; nada más lejos de mi intención que promover algo como esto. Ahora bien, no me parecería justo despedirme
sin mencionar algún aspecto positivo suyo. Lo más atractivo que tiene, sin
duda, es su objetivo, entender, ¿pero de verdad quieres hacerlo? Piénsalo, o
mejor, no lo pienses. Te advierto que puede hacerte perder el rumbo.
Quiero suponer, y estoy seguro de
que lo hago bien, que tú, querido amigo, sabrás de lo que hablo. Puede incluso
que me entiendas y conozcas de primera mano los peligros que conlleva. En ese
caso, ten por seguro que estaré encantado de que nos hagamos compañía en
nuestra auto-destrucción.
Estoy hablando, por supuesto, del
pensar.
(PD:
Escribí hace tiempo esta entrada, pero la subo a este blog ahora para
tenerla junto al resto de lo que escribo, espero que os guste)

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